Europarlamentarismo

Bottmingen- Neuf Brisach - Estrasburgo - Bottmingen

Paciencia: sust. cualidad imprescindible para, siendo español, marchar detrás de un tranvía por una calle secundaria de Basilea (me pasé el giro a la derecha que me indicaba el GPS para seguir una vía principal), con sus paradas y todo, no habiendo tráfico alguno, para vencer la tentación de hacer la machada en adelantamiento macarra con el coche prestado de tu cuñado. No sé donde, encontré la suficiente para acatar el orden divino (y urbano) y esperar que el tranvía siguiera su camino, y yo el mío.

Dado que el tiempo sigue sin acompañar en Lucerna / Alpes, tiramos hacia el norte, dejando Suiza por Alemania para luego saltar de nuevo la frontera con Francia cruzando el Rin. Primera parada, Neuf-Brisach. La vista del google maps promete más de lo que entrega la realidad. 

A vista de pájaro parece una mezcla de St. Malo (FR), Valença do Miño (PT) y Aigues Mortes (FR), ciudades fortaleza con murallas conservadas íntegramente, con hermosas construcciones en su interior, y vidilla. Neuf-Brisach fue ciudad fortaleza, conserva divinamente las murallas (con una forma estrellada muy impresionante), pero el interior, de casas aún habitadas, tiene un punto decadente que genera cierta decepción, y desde luego no hay gran vidilla.

Bueno, la justa para poder comprar un delicioso pastel de cebolla (oh, my God!).


Lo mejor, que se puede dar un agradable y entretenido paseo por todo el foso de la fortaleza, donde además se exponen esculturas y otras curiosidades. Incluso lo recorre un tren turístico (ya mencioné la decadencia). 










No había mucho más, así que carretera. Tras un cierto rodeo por algún malentendido con el GPS (no diré de quién, pero de toda la vida uno conduce y otro es el copiloto), llegamos a Estrasburgo, derechos al parking. 


Cruzamos el Barrrage Vauban, puente y presa que forma parte de los famosos puentes cubiertos y torres de Estrasburgo, en la llamada Petite France, y sin saberlo los pies nos llevan cerca de La Veille Tour (1 R. Adolphe Seyboth), restaurante en el que acabamos, reforzados por Google. 

Un restaurante muy francés regentado por un matrimonio que ya ha donado el Bugaboo hace años y que ofrece una carta reducidita (como nos gusta), con un menú sencillo (formule-midi) ya pasado de precio como si estuviéramos aún en Suiza (¿dónde está la Francia que conocemos?) y que no está disponible porque es sábado, otro menú más pasado aun, pero cuyo segundo es pechuga de pollo, que por muy baja temperatura a la que esté cocinada no nos llama nada, y platos sueltos, que es por lo que nos decantamos.

Un par de entradas ricas (arenques y pimientos rellenos) y luego carne de ternera a baja temperatura con puré para todos, que estaba muy buena, y muy francesa. La dolorosa requería mucha morfina.







Y seguimos camino hacia la catedral de Notre Dame de Estrasburgo, no sin antes repartir entre los polluelos (y los no tan polluelos) una caja de macarron variados (pistacho, frambuesa, lima, chocolate...), que es algo que probamos en cada sitio que nos da la excusa. Cada uno a repartir entre cinco, debí traer el bisturí electrónico.


Y en la plaza Gutengerb, junto a la estatua del famoso inventor, un carrusel de dos alturas que incluso figura en las guias, muy parecido al del Alderdi Eder de San Sebastián.


Si, además, se puede esperar sentado...



La catedral tiene bastante fama, y una vez incinerada la de París (muy tristemente), esta gana valor, claro.




Y vuelta por el Quai Saint-Nicolas hacia el parking. 

Antes de irnos compramos una buena barra de pan, de nada menos que 1 kg (7,5 EUR), con una miga compacta como hormigón, muy apropiada para la cena que nos espera, y que dos días después seguía perfectamente blando... la calidad...








Estrasburgo es una ciudad muy bonita, con muchos canales que serpentean entre casas de muros de entramado de madera, medievales. Nos gusto muchísimo, y no la esperábamos así. Mucho turista, eso sí; muchícsmo en la zona de la catedral. Y con precios de Suiza (los pueblos de la Alsacia que visitamos el primer día, mucho más cercanos a la frontera, no eran tan caros). Imaginamos que es debido a las dietas de todos los funcionarios y expatriados de los países de la UE ante las instituciones de la Unión en la ciudad, que tiran con pólvora del rey e inflacionan todos los servicios.



Un privilegio el lugar al que volvemos cada día a disfrutar del reposo del guerrero. ¡Gracias tíos Pablo y Teresa!


!Y gracias primas Teresa y Carlota por compartir vuestra cama elástica!


Maravillosa Fondue. Es curioso que el sabor del queso de Fondue nunca me convenció. ¿Por qué las cosas saben mejor al tomarlas donde hay que hacerlo? A partir de ahora, ¡soy súper fan! Y muy adecuada una botella del Grand Cru Schlossberg alsaciano de Bestheim comprado el primer día.


Emparejando calcetines

Mañana más. 

Nos vemos.






Comentarios