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Bottmingen - Zurich - Madrid

Y sonó el despertador. El coche llega a las 8 y hay que terminar de rematar.  Luego habrá tiempo de echar otra cabezada.


No hay tanto tráfico como temía el conductor, que nos adelantó la hora de recogida, así que nos sobra tiempo para hacer unas compras en el aeropuerto, y al avión.







Y rápido a recoger las maletas. Sin novedad.


Recuento del número de dedos por cabeza. Comprobación de rigor previa a la apertura de las navajas (suizas, evidentemente), ya que en los primeros lances suelen caer algunos.


Y, ahora sí, puede darse esta aventura por completada. Y millones de gracias de nuevo a los tíos por su generosa hospitalidad y lo que nos han cuidado ¡incluso sin estar!

Nos vemos...


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