Basel
Basilea
Siguiendo buenos consejos del tío Pablo, lo primero al parking (Parkhaus Storchen, cercano a Marktplatz, por ser muy céntrico, y resulta muy nuevo, amplio y cómodo) y a partir de ahí, a andar. Pocos puestos en Marktplatz y cotilleamos el edificio del ayuntamiento, muy intensamente decorado, incluido su patio.
En las calles de Basilea encuentras muchas fuentes, que aunque nuestros niños aprecien cierto sabor no mencionable aquí, ofrecen agua potable, y son curiosas.
Freie Strasste, a Basler Münster, la catedral, visible desde casi toda la ciudad; interesante de ver, y gran ubicación con vistas al Rin. En la plaza, un gran cine de verano.
Volvemos a Freie Strasse para pasear por la zona vieja o Grossbasel.
Unos falafel de tentempié para aguantar hasta la comida.
Hasta cruzar el Rin por el Mittlere Brücke (puente), camino del restaurante. Teníamos reserva para comer en Ufer 7, junto al propio puente, en Kleinbasel. Hacemos algo de tiempo en el muelle, contemplando el río, en lo que llegan arrastrados por la corriente tres personas con sus Wickelfisch (literalmente, pescado enrollado). Es tradición en Basilea adquirir (o que te regalen) unas bolsas de plástico coloridas en las que introduces tu ropa, las enrollas, y te agarras a ellas para arrojarte al Rin a recorrerlo llevado por la corriente (3 kms es una distancia normal). Cualquiera lo puede hacer por su cuenta, pero hay un día de verano en que el río se llena de estos nadadores a la deriva, y durante ciertos meses los martes a las 17:45 está organizado con supervisión, por si uno es miedosillo.
A nosotros nos pareció una idea genial y súper apetecible, pero lo dejamos para cuando queramos desprendernos de alguno de los niños, como Moisés.
El restaurante: una terraza agradable frente al Rin, un servicio muy atento (y con un castellano fluido, por el que felicité al camarero, aunque no era tan bueno para ser gallego como me dijo que era... algo fallaba). Aparte de algunos platos principales, y un menú (se les terminó antes de pedir nosotros), ofrecen platos variados de pequeño tamaño de los que 3 o 4 equivalen a un principal: opción muy recomendable.
Hamburguesa
Tataki de atún
Risotto
En definitiva, buena comida a precios exagerados. Ejemplo, botella rellena de agua, 7,5CHF. Y cuadriculados con el horario, como ya hemos vivido antes. El hombre está recogiendo los platos de la mesa a las 13:55, y cuando a las 14:02 le preguntamos por los postres nos dice que había que haberlos pedido antes de las 14:00. Hay que aceptarlo como algo normal aquí, porque si no te frustras; en realidad, son majos, no hay que tenérselo en cuenta. Café sí nos dio.
Y proseguimos paseando por Kleinbasel, hacia el sudeste, frente al Munster, disfrutando de unas bonitas vistas.
con el Basler Munster al fondo.
Volvemos a cruzar el Rin, esta vez por Wettsteinbrücke, y nos dirigimos al Museo de Historia de Basel, buscando en realidad la casa antigua del número 27 de Elizabethenstrasse, por, según la guía, mostrar la forma de vida en una mansión muy bien conservada. Aparte de una infinita colección de relojes, eso es lo más interesante, estancia tras estancia en un hermoso palacete.

Lo mejor de la casa, sin duda, el altillo: una impresionante colección de juguetes antiguos, una delicia, y muy especialmente las casas de muñecas, impresionantes e infinitas se extendían por más y más estancias. Carmen, alucinada, sintió la necesidad imperiosa de fotografiar cada una de ellas: "Para la abuela; ¡le van a encantar!"
¿Habitación real o casa de muñecas?
Nos encantó
Flying Tiger: es ya una tradición. El crédito de partida de 5 CHF por cabeza no daba ni para la bolsa, así que tuvo que ser ampliado a 10 CHF.
Pelea sin cuartel
El Ayuntamiento desde Tiger
Increíble experiencia en l'enoteca | Liechti Weine (Schneidergrasse, 10, 4051 Basel. Liechti-weine.ch), con una atención encantadora y buenísimas recomendaciones. Brutales los vinos italianos (Poliziano y Monna Lisa) y suizos (Crescendo) que nos recomendaron. Algo bien le caí a la señora, porque nos regaló dos botellas apenas empezadas que había usado para degustación el día anterior, una de ellas del mismo Poliziano que yo le estaba comprando. No nos dio tiempo a disfrutar el Barbaresco, así que los tíos nos contarán...
Mientras tanto, los niños como locos en una tienda de comida asiática muy auténtica con productos que debían conocer de su adicción a Youtube, porque los textos eran ilegibles.
Vuelta a casa payasa -el conductor no distrajo la atención con el vehículo (del tío Pablo) en movimiento-.







































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